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Recuerdos

sábado, 10 de mayo de 2014

Una lección de Geografía


Tenemos que aprender a olvidar para sobrevivir, pero hay hechos que nos marcan irremediablemente.Con sólo ocho años presencié una escena en la escuela, que nunca olvidaré. Porque  fue en  ese momento  cuando probablemente  descubrí y fui consciente  de  lo que significaba  la  palabra crueldad.
Recuerdo  a un niño, se llamaba Jaimito.Podría parecer  que voy  a hablar  de  ese personaje travieso y soez en ocasiones que ilustra  el mundo de los chistes, pero nada más lejos de la realidad...Se llamaba Jaimito y era un “borderline”, en castellano un pequeño con una deficiencia mental límite.No hacía falta ser experto en Psicología para darse cuenta.Los propios niños sabíamos que era distinto.Aún así, a pesar de su diferencia  yo le tenía en estima, no era malo en sus relaciones con los demás, eso sí,  poco aplicado, no atendía en clase, permanecía absorto, parecía estar en su propio mundo... y lo que quizás fuera significativo para el hecho que estoy narrando: era pobre (o más pobre que la media, en este caso)
Un día aciago coincidió que estaba en la escuela  el  marido  de la maestra que  por cosas de la mala suerte, era maestro también. ¡Dos  maestros del Régimen Franquista! Esos  de “la letra con sangre entra”.Jaimito llegó 15 minutos tarde y enseguida el maestro se fue hacia él, desafiante,  increpándole:
-¡Llegas tarde otra vez!. ¡Te voy a hacer unas preguntas y pobre de ti como no las  sepas!. ¿Cuántas son las islas Canarias?-
-Lanzarote, Gran Canaria, no me sé más…- balbuceó  haciendo  un ligero amago  por  echar a correr.
Rápidamente ella, la maestra, lo agarró por los brazos para sujetarlo y él, el maestro, la emprendió a cachetadas con la mano abierta,  recordándole el nombre de  cada isla con cada bofetada que le asestaba.Golpes que recuerdo martilleando en mis oídos y en mi corazón. Mientras, el niño trataba inútilmente de zafarse llorando, ante la mirada aterrada de todos nosotros.(¿Por qué no hicimos nada?) Cuando acabó, exhausto, giraron las tornas. Él lo sujetó y ella, con el rostro desencajado y completamente desmelenada, le asestó otras siete bofetadas  y  cuatro más, ya que incluyó  las islas menores, es decir: La Graciosa, Alegranza, Montaña Clara, y la Isla de Lobos.  
Jaimito, cuando pudo zafarse de aquellas bestias, salió corriendo.No  volvió a clase. Ni lo vi nunca  más, pues sus padres  se mudaron  a la ciudad. Con los años supe que fue carne de cañón de la calle. 
Siempre quise olvidar aquello, de hecho  lo olvidé. Hace unos días, el destino me presentó  a la pareja de maestros paseando con sus nietos y me vino a la memoria éste y otros recuerdos similares.
Ahora sé que estoy marcada, aunque las bofetadas se las llevara Jaimito. Estoy marcada, sobre la piel de otro.

martes, 12 de noviembre de 2013

La fruta pasada en el Norte de Lanzarote


Fueron los higos pasados un alimento básico en la dieta de los canarios desde los aborígenes hasta entrados los años 70 del siglo XX. En Lanzarote, suponen junto con los porretos  un sustento principal durante los meses de Noviembre y Diciembre  periodo de escasez alimentaria.

Muchas son las variedades de higueras que se cultivaron dependiendo fundamentalmente del tipo de suelo, de las zonas climáticas y de la época de maduración. De entre las variedades que se dan en la zona norte destacan las siguientes: Brevera canaria, Colorada, Brevera fina, Blanca fina, Gomera blanca, Negra Conchinchina, Negra y Bigariña.


Higo Gomero blanco. Las Casillas (Máguez)
La higuera Bigariña prospera muy bien en los terrenos de polvillo (suelos de degradación de los malpaíses de las erupciones de Los Helechos y La Quemada) propios de la zona de Máguez. No siendo tan productiva en otros tipos de suelos más arcillosos.
La colorada es la primera que madura. Es óptima para las zonas de suelos pobres incluso en arenados sobre malpaíses y cotas de altitud más bajas.
Higo colora(d)o. La La(d)era (de) Nuñez. (Máguez)
La gomera se desarrolla mejor en las cotas altas y necesita sobre todo de tierras más fértiles.
La negra es la última que madura. La tradición oral le atribuye las propiedades de “traicionera y dañina” haciendo referencia a que en determinadas circunstancias puede provocar indigestión e incluso la muerte. Dice la copla  en relación a  esta higuera:

   ¡Malhaya la higuera negra
    que echa los higos menudos,
    malhaya la mujer joven
    que se casa con un viudo!


Higo negro (Máguez)
Los primeros higos, que maduran fuera de tiempo, les llaman higos locos y fructifican de forma aislada durante los meses de enero y febrero. También hay higos que llaman sanjuaneros, que  empiezan a  pintar cercanos a festividad de San Juan. Muy apreciados por ser los primeros, se utilizan principalmente para el consumo fresco.
En general el periodo de recolección de los higos se extiende principalmente entre los meses de Agosto y Septiembre.

Los higos maduros se ponían tendidos al sol sobre los paseros. Estructuras que se levantan en el campo, acondicionadas sobre paredes de limpieza (desripio) de los terrenos. Estas construcciones aireadas y soleadas son óptimas para un rápido secado de la fruta. Otras veces se ponen directamente sobre el suelo preparando previamente la zona con arenas gruesas.

Pasero en la Majaíta de Abajo. Foto De Aniceto Rodríguez.
Una vez recogidos de los paseros se llevaban a las casas y se dejaban refrescar extendidos sobre esteras de palma donde permanecían durante unos días. El siguiente paso era  sumergirlos en agua caliente para higienizarlos. Una vez hecho esto se volvía a poner unas horas al sol para quitar el exceso de humedad y con las manos mojadas en salmuera se iban seleccionando. Desechando en este proceso los mordidos y más feos para el consumo de los animales (cochinos, perros etc.) los mejores se empaquetaban y almacenaban en espuertas de palma. Cuenta la gente mayor que algunas de las familias más ricas utilizaban estos higos de desecho para pagar el sueldo a los peones a  su cargo.
Los higos se mantenían empaquetados hasta el día uno de Noviembre en el que era costumbre abrirlos, así como la demás fruta pasada: (porretos, pasas) y el vino. Esto no se realizaba antes por dos razones: Aprovechar al máximo la fruta fresca y por otra parte que los higos en  este momento estaban ya azucarados.
Esa fecha era señalada para que los niños pobres salieran a pedir la limosna de los santos a casa de la gente más pudiente. Rezaban una oración por los difuntos  de la casa, a lo que la familia correspondía llenándoles los zurrones de higos pasados.
Una anécdota cuenta que en Máguez sobre los años 40 del siglo XX estaba una madre guardando los higos de forma cuidadosa ante la mirada atenta de su hijo de corta edad, que le pidió comer algunos. La madre se negó diciéndole “que los quería para el día de todos los santos“. Haciendo referencia a que era a partir de esa fecha en la que podían comerlos.
Llegó el día señalado y la madre que había salido al campo, vio desde lejos  una gran fila de niños en su puerta, cuando llegó su hijo había vaciado medio cajón de higos repartiéndolo entre los niños pobres.
-Pero madre ¿Uste no me dijo que los quería para el día de los santos?-sollozaba, mientras la madre se echaba manos a la cabeza, ya que en una hora había perdido la  comida de los meses venideros, aunque por otra alabando  en el buen corazón de su hijo.



Fuentes orales:
 Dorina Torres (Máguez), Antonio Betancor (Tabayesco), Guillermo Dorta (Ye), Claudina (Ye), Tomasa Perdomo (Máguez), Francisca Dorta (Máguez),Matías Niz (Máguez),Joaquín Melgarejo  (Haría),Pancho Dorta ( Örzola), entre otros... 
Bibliografía:
-Jaime Gil y Otros. Las higueras canarias y su diversidad. Rincones del Atlántico
-Águeda Mª González-Rodríguez y María José Grajal-Mart Higueras de Canarias Caracterización morfológica de variedades

-VV.AA:: La cultura del agua en Lanzarote, Cabildo Insular de Lanzarote, 2006.
-Antonio C. Perdomo Molina. Sobre paseros, pasiles, secaderos, tendales, tinglados y hornos: la cultura material de los higos pasados en Canarias . Rincones  del Atlántico

martes, 8 de octubre de 2013

El Alcairón

 
 
Mi abuelo hablaba con los pájaros. No, no estaba loco. La mayoría de los campesinos lo hacen. Bueno, lo hacían; porque donde vivo ya casi no quedan: Ni campesinos, ni agricultura, ni  casi quedan pájaros. Como iba diciendo conocía sus chasquidos y sus trinos y sabía diferenciarlos perfectamente. Entendía sus costumbres, sus rituales… es más, yo diría que sabía distinguir perfectamente unos de otros dentro la misma  especie.
Sobre todo le gustaban los alcairones, pájaros beneficiosos dónde los haya ya que limpian de insectos, ratoncillos y lagartijas los cultivos. Muchas veces, cuando le acompañaba al campo, permanecía  ratos observándole mientras trabajaba pues los  pájaros  revoloteaban a su alrededor cantando y amenizando su trabajo con sus sonidos. Cuando alguno se  le acercaba demasiado, paraba de  hacer  las labores   y cantaba:
 
Alcaironcito de Dios
si buenas noticias son,  
canta para mí,  alcairón.
Y si son malas noticias
vete con Dios , alcairón.
 
Y entonces el pajarillo se iba o se quedaba, según el caso. Si se quedaba mi abuelo me decía:
-¿Ves? Vamos a recibir buenas noticias. Me lo ha dicho el alcairón.
Un día le pregunté quién le había enseñado a  comprenderlos. Me contó que existía una costumbre antigua que consistía  en colocar  hilos  cruzados  a lo largo de los sembrados para evitar que los cuervos destruyeran el trabajo de todo un mes, ya que eran  capaces  de  desenterrar un cercado de millo recién plantado. (Según mi abuelo  los cuervos, eran los pájaros más listos, con muy “malas ideas”, tanto que  incluso algunos sabían utilizar nuestras palabras). Me siguió contando que cierto día llegó al terreno y encontró  un alcairón  atrapado   entre los hilos. Enseguida se prestó a liberarlo desenredándole las patitas, pues no tenía ningún otro daño.
El pajarillo salió volando,  cantando y dando vueltas a su alrededor. Desde  ese momento,  cada vez que lo veía aparecer, al subir la pequeña cuesta  del camino que conducía  hasta la huerta, escuchaba su  canto. Lo estaba esperando. Alguna vez lo encontró alicaído y encapotado  y se   marchó a  casa con la zozobra de que  iba a  recibir alguna mala noticia. Pero el resto de los días, durante mucho tiempo, le hizo sonreír y le enseñó a comprender el lenguaje de los pájaros.
 

viernes, 20 de septiembre de 2013

Primeros pasos






No sé  en qué orden aprendí a andar,  leer o  escribir. Tampoco  me acuerdo  si lo hice sola o alguien me enseñó.
Sí recuerdo  perfectamente  la primera vez que  cayó en mis manos “Viaje al centro de la tierra” de Julio Verne  y descubrí  lo que  significaba  la  aventura  maravillosa de leer. Tengo presente, como me  senté  junto a mi querido abuelo  y le mostré ansiosa las páginas de  aquel libro.
-¿Qué dice  aquí…? No sé  leer, Raquelita- contestó apesadumbrado
-No te preocupes  abuelo, te enseñaré- le dije con firmeza
No podía permitir que mi abuelo se perdiera todo aquel mundo mágico que se abría ante mis ojos. Así que escribí las vocales en una pizarra, bien grandes, para que aquellos ojos pequeñitos y gastados pudieran  leerlas  y me empeñé en enseñárselas. Pero pasaba el tiempo  y  el viejit, me   resultaba poco aplicado, lo que me provocaba una gran frustración.
Consciente  de eso mi querido abuelo, una  de  aquelllas tardes  en la que  incansable, ejercía de maestra , me  dijo:
-Mira ¿hacemos una cosa?  tú me lees  lo que pone  en ese libro  y yo te diré  los cantares que  me  enseñaron los viejos de antes y romances que aprendí  cuando fui a Cuba-  Acto  seguido, empezó a recitar con parsimonia , mientras encendía la cachimba …

“Dice Manuel García
que si no le dan centeno
le mete fuego a los trenes
y mata  a la policía..”


-¿ Quién es Manuel García, abuelo? -Pregunté con curiosidad.
-Era  un bandido  cubano que  robaba a los  ricos para dárselo a los pobres. Eso lo cantábamos cuando cortábamos la caña, porque yo estuve en Cuba…
Enseguida pensé en  Robin Hood, pero no  dije nada  nada, porque   en  ese momento  entendí que  mi abuelo, a pesar de ser analfabeto, era  un hombre sabio…
Hoy puedo decir que aunque los libros me han enseñado casi todo lo que sé, de los mayores aprendí otras muchas  cosas que no están escritas.